
Una de las cosas que más dañaron al gobierno de Patricio Patrón Laviada fue confundir su diario actuar al frente del Ejecutivo con la imagen que la sociedad decía tener de él. El error se cometía al contrastar ambas actitudes con la percepción social y creer que con eso bastaba para continuar adelante. Se pensó que el binomio “acciones de gobierno” y “la figura” del titular bastarían para convencer a los ciudadanos de que estaban frente al mejor hombre que podía conducir sus destinos.
Y tan que fue una equivocación que estrategas de su primer círculo se confiaron desplegando herramientas innecesarias en su administración como el aniquilamiento del contrario, el reduccionismo del oponente y el excesivo triunfalismo. Cero autocrítica y carencia de humildad dieron igual a derrota.
El autoelogio periódico con que vivió el gobierno anterior, en buena medida basado en cifras de resultados reales y sobre hechos tangibles, nublaron la vista de los mejores técnicos creyendo todos que extinguir la crítica era la mejor forma de seguir adelante. Hay que afirmar que cualquier yerro, exceso o abuso de poder cometido por un solo hombre –y hasta por sus familiares-, hunden a cualquier partido, así tenga las mayores preferencias.
Felices por los muestreos de popularidad que levantaron entonces, el más cercano círculo que rodeó al gobernador lo dejó perder el poder precisamente cuando comenzó a aplaudirle sus excesos, especialmente los que cometía a la hora de tomar decisiones al interior de su partido, palomeando y tachando consejeros, hasta reducirlo a una agencia de empleos.
Luis Correa Mena y Ana Rosa Payán Cervera son mi mejor ejemplo: fueron eliminados pese a ser pilares para el antiguo panismo, ese que no necesita de una plaza en el gobierno ni de elevados sueldos para mantenerse fiel a sus filas. El primer ex alcalde fue erradicado cuando apenas se armaba el gabinete. Los panistas -los verdaderos-, no se imaginaban al gobierno anterior sin un baluarte como Correa Mena, pero los cercanos al gobernador que controlaban la llave de la puerta, veían en él un riesgo para su jefe y ellos mismos. Aún recuerdo cómo los aduladores gozaron haberlo corrido del equipo.
El caso de Ana Rosa no es menos referente. Obstaculizada en su actuar al frente del municipio, obstruida en su gestión municipal con estrategias de boicot –se dice- salidas desde el palacio de enfrente, y extinguida al interior de su partido por consejeros en nómina, escogió salir por la puerta de la congruencia. Combatir a la entonces alcaldesa era el verdadero asunto de estado para el primer círculo.
Resultado. Patricio se quedó solo y así eligió sucesor con el saldo que tenemos: el PRI tiene mayoría en el Congreso, gobierna el Estado y la mayor parte de los municipios y, por poco les gana Mérida.
La Encuesta de Wilsa.
El gobierno de Ivonne Ortega debe identificar los errores cometidos en el sexenio pasado y darse cuenta que ni haciendo carreteras, ni puentes, ni periféricos, ni hospitales, ni nada, se tiene asegurado el futuro. Menos si se confunde la imagen de la persona con la de toda la administración. No es lo mismo que la gobernadora sea la popular a contagiar a todo el gabinete con ese éxito.
Además, mal harían los estrategas de un gobierno -si los hubiera claro-, en conformarse por la opinión positiva que hubiera entre la mayoría de apenas 396 personas. Más importan detalles como la basura que inunda Progreso y sus comisarías. Si fuera recogida daría votos. Si no lo hiciera, seguro que los quitará. ¿Alguien dudaría del aplauso que recibiría la primera autoridad estatal si encuentra un buen destino final para esos desechos?
El diluvio. Si las cosas siguen como van, el próximo candidato del PAN a la alcaldía puede ser el Sr. Patrón.
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