
Ante ello, leyendo las cifras desfavorables que tienen en Mérida y quizá en todo el Estado, el PAN tomaría una determinación: jugarse su última carta y apostar todo su resto.
¿Qué significa esto? Que tendrán que escoger como único salvador para conservar la alcaldía meridana a Patricio Patrón, hoy titular de la Profepa, avecindado en la metrópoli y quien vendría a intentar repetir en la presidencia municipal.
Paradójicamente, se trata del mismo hombre que se preparó seis largos años para dejar a sus próximos sucesores y perpetuarse por lo menos 18 años escogiendo a quienes lo relevarían cada sexenio, todos de su grupo, lo que no pudo cumplir por haberse equivocado al designar a tan mal candidato. Esto lo hizo no sin antes distanciarse de aliados, amigos y hasta de algunos afectos, con tal de hacer lo que se le pegara la gana. Hoy -quién lo dijera-, esa mala decisión terminaría con casi 20 años de gobiernos panistas en Mérida ya que como lo señala una encuesta publicada y encargada por el Diario de Yucatán el domingo 27 de julio, los bonos del PRI siguen creciendo.
Las cuentas del gobierno que hizo Patrón no son malas, pero no fueron suficientes. De hecho en algunos círculos oficiales del Ejecutivo actual así se reconoce, solo que eso jamás se podrá admitir en público. A decir de funcionarios que hoy tratan de alcanzar el ritmo que dejó la administración pasada, de no ser por los excesos que se cometieron a nombre de los apellidos del gobernador, los votantes le debieron haber reafirmado su preferencia. No lo hicieron porque le cobraron una serie de afrentas que tienen que ver con la conducta cerrada, prepotente e intolerante que lo caracterizó a él y a sus más cercanos asesores que escogieron atropellar a quienes no se rindieran a sus modos.
Sin embargo, el capital del ex gobernador del estado podría permanecer intacto en lo que a Mérida se refiere, ya que las fuerzas vivas de las clases media alta y alta estarían dispuestas a apoyarlo en su intento por mantener el poder en esta ciudad. La sola idea de que el PAN cederá en la próxima contienda la plaza al PRI, aterra a propios y extraños, acostumbrados fundamentalmente a un estilo de gobierno y a un orden administrativo.
No obstante, este partido estaría viendo sus últimos días desde que eligió a Manuel Fuentes Alcocer, uno de los peores alcaldes que ha tenido Mérida, cuya gestión le ha costado mucho al actual ayuntamiento que sigue enmendando todo lo que mal hizo y dejó de hacer el anterior.
Y es que, paradójicamente, la debacle en las filas del panismo tiene su origen precisamente en el poder sin cortapisa que decidieron otorgarle al interior de ese partido al propio hoy ex gobernador. Haber dejado que él fuera el partido político, permitir que todo un consejo decidiera con la línea que él daba y no objetarle ni criticarlo en nada, tarde o temprano acabó con la verdadera fuerza del PAN yucateco.
Cualquiera que pensara diferente al poderoso no podía tener cabida: Luis Correa Mena y Ana Rosa Payán Cervera bien nos pueden narrar largas historias sobre el tema. ¿Alguien en el PAN necesita que se las cuenten?
Sin duda, la prueba más difícil que tiene Acción Nacional es sobre la tolerancia: apenas se le toca con el pétalo de una rosa a su principal figura –Patrón Laviada- enseguida surgen voces, editorialistas y opinadores, dispuestos a confrontarse con quien ose criticarlo. A estos no queda más que ofrecerles comprensión y entendimiento, porque la desesperación no es buena consejera.
Por ello no es fácil creer que personajes como los antes señalados puedan colaborar con la causa panista. El precio que pagaría el PAN por haber escogido un estilo tan radical como el de Patricio, reduccionista hasta la ofensa, que prefirió descarrilar a los equipos de Correa y de Ana Rosa con tal de salirse con la suya, difícilmente pueda encontrarse aliados en esta última contienda.
¿Quién lo dijera? De la unidad de los panistas depende conservar el poder meridano, pero esa palabra no figura en el diccionario del ciudadano patricista promedio que tendría que comenzar por reconocer tantas equivocaciones, antes de recibir el apoyo de cualquiera que haya sido ofendido. No hay, a un año de distancia, quien le haya escuchado decir esa palabra al principal perdedor que ha tenido Yucatán. Los agraviados no han recibido ni media satisfacción, ni se les ha extendido la mano. Menos se puede esperar que exista un arrepentimiento en público. Al contrario, se les sigue relegando como lo saben hacer quienes se mueven con el hígado y piensan con los intestinos.
Así las cosas, el panorama panista puede calificarse de final de fotografía. Faltan dos años para conocer este desenlace pero desde ahora ya estamos a tiempo de ocupar nuestro lugar para presenciar la lucha por el poder que, en el caso de Mérida, se jugaría todo su resto. Sin duda, el señor Patrón tiene un amplio capital político; si fuera el candidato, sus adversarios encontrarán un duro oponente en sus intenciones de ocupar la presidencia municipal de Mérida y el tricolor estará en apuros a la hora de escoger sucesor.
Moraleja. A quienes no les guste lo que pasa en el Estado, a quien le incomode la actuación del PRI, o el estilo de la gobernadora y esté inconforme con todo este primer año de gestión; a esos que se quejan hoy de excesos, revisen mejor su lista de culpables y háganlo frente a un espejo. Pueden encontrar al responsable del origen de todas sus penas. Si no les basta, esperen a las elecciones intermedias. A lo mejor lo tienen de candidato.
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