miércoles, enero 31, 2007

Mérida se nos va (1)

Por Armando Escalante Morales

Inmersos en la confusión que genera el proceso electoral, nuestra adorada Mérida, se nos va: las costumbres y la identidad se pierden día con día. Parte de su pasado se destruye, y sus mejores atractivos se cancelan. En aras del progreso y del fácil dinero ocurren verdaderos atentados en su contra y nadie parece percatarse de ello y menos impedirlo.

Un gran atractivo o valor de una ciudad son los árboles. Todos los días desaparecen –porque los talan- decenas de ellos, que caen por variadas razones, entre ellas, que algunos comerciantes quieren que se vean sus fachadas y anuncios y que no se tapen sus negocios. No hay semana que no compruebe que hay menos árboles en esta ciudad. Cuando abre un nuevo establecimiento -como por arte de magia- varios árboles de los camellones amanecen en el suelo.

Sobran ejemplos: en una avenida se talan dos palmeras para que se vea el letrero de un comercio o un restaurante, en una glorieta se derriba un árbol que no está seco para que se note el anuncio “espectacular” o la puerta de un café. Esto se repite por todas partes. Enorme supermercado mandar talar viejo árbol y solo el voceador que gozaba su sombra lo resiente. No pasa nada.

Está plenamente comprobado que estas “podas” suceden para que asomen a la vista el rojo, verde, azul, amarillo o naranja que lucen los letreros de las franquicias propias o importadas. De la noche a la mañana, uno descubre fachadas que no se habían visto antes porque ya no están los frondosos laureles o los flamboyanes que las cubrían.

Pero a la deforestación sin medida e irracional, sigue la destrucción del espacio público: en calles y avenidas del norte o del sur, del oriente o del poniente se colocaron paraderos de autobuses, pensando no en que sirvan para guarecer a los pasajeros que esperan bajo sol o lluvia, sino en cómo se verá el anuncio que se coloca junto a este.

Contra toda lógica, resulta que las carteleras son más anchas que las aceras y esa incongruente realidad parece que a nadie le interesa. En una escarpa de 1.20 se coloca la enorme caja del cartel luminoso que mide casi lo mismo. Los peatones deben bajarse de la acera o embarrarse entre el cartel y la pared para seguir caminando. ¿Quién lo permite o quién no lo ve? Por eso aplaudo el surgimiento de las nuevas mamparas de anuncios que no estorban el paso y que están colocadas pegadas a los muros y paredes.

Y a la deforestación y a la destrucción del espacio público, se une el descuido. Los cientos de turistas que vienen por Progreso en un crucero o quienes arriban desde la ciudad de México en su automóvil ven a su entrada puro abandono. No hay ningún plan ni siquiera para lucir mejor cuando menos los días que pega un barco. Ni siquiera esa fecha nos esmeremos en parecer mejores.

Se necesita que las rutas de acceso a la ciudad, ya sea desde México, Progreso o Cancún, estén siempre presentables; que los viajeros observen a su entrada la majestuosidad de la urbe y no tengan queja de ella. Y que las familias que arriban por carretera cuenten con información y apoyo en caso necesario.

Nuestra ciudad es bella por su arquitectura, por eso necesita que no se tiren casonas en pleno Paseo de Montejo para construir cajones de estacionamiento o cuartos de hotel; si seguimos así ¿qué ciudad vendrán a ver los turistas si los atractivos son derribados o hacemos o dejamos que se caigan?

La megaplazas comerciales generan problemas de vialidad porque su espacio para estacionamiento es insuficiente y porque se proyectan sacándole el máximo jugo al terreno sacrificando la comodidad del usuario; achocan los carros, mal trazan los circuitos internos y abandonan el sentido común pintando los cajones del tamaño de un auto sin pensar que deben dejar espacio para abrir las puertas.

Vemos que proliferan negocios donde la vía pública se convierte en “su estacionamiento”. Un lavadero usa una avenida para que “se formen” los autos de sus clientes, mientras se les atiende; un centro de “autopago” se adueñó de toda una calle para poder entrar a sus cajas de pago. Los vecinos, nunca importaron.

Abrir un negocio con “valet parking”, es un embuste, sobre todo cuando los automóviles finalmente serán estacionados en cuadras del rumbo. Sobran los malos ejemplos y son contados los negocios que cumplen con tener un lugar para llevarlos.

(Continuará) armajose@prodigy.net.mx

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