Rescatemos a la ciudad
Por Armando Escalante Morales
Mérida se dirige a elecciones y pronto deberá renovar a sus autoridades municipales. Es ocasión propicia para velar por la mejor oferta, por el mejor liderazgo y especialmente para pensar en la ciudad antes que en nosotros mismos. Exige grandes cambios basados en la transformación inicial de la mentalidad de su gente.
Pensar en grande es importante pero más lo es pensar en Mérida. La lógica y el sentido común son mejores herramientas para gobernar; ambas producen reacciones positivas sin necesidad de costosas inversiones y menos tirando el dinero en gastos publicitarios.
El A,B,C, de la ciudad está a la vista. Decenas de proyectos, de metas y propuestas que se plasman en los planes estratégicos trianuales duermen el sueño de los justos, mientras las calles ven caer árboles, casonas y sueños que nos confirman la destrucción del entorno y del equipamiento urbano, pero sobre todo que dejan ir para siempre los atractivos y funcionalidad de la ciudad.
Estamos perdiendo atractivos en medio del silencio de consultores, grupos, asociaciones, organismos colegiados, clubes, autoridades, funcionarios y demás expertos. En otros casos, la complicidad deja que todo ocurra. Preferimos dar paso al elogio convenenciero, ayudar al amigo socio antes que admitir que estamos acabando con la ciudad y con sus atractivos. Ni siquiera toleramos la crítica y tampoco fomentamos la autocrítica. Todos alineados y calladitos.
Urge una proyección hacia mejores estadios, que eleven a esta capital en el escenario nacional e internacional sin necesidad de comprar premios, sin quitarle sus raíces, sin acabar con sus atractivos como suele suceder cada que se aumenta la inversión o se desarrolla la infraestructura.
¿Cuál es el futuro de esta ciudad donde viven nuestros hijos? ¿Dónde vemos a Mérida y en qué condiciones en 10 años? ¿Lo hemos pensado?
Nos dirigimos a elecciones y para ello exigimos una buena guía, de buenos empresarios, de buenos políticos -que se pongan de acuerdo-, que se alíen por el bien común y por la justicia social, y no por su propio beneficio para quedarse con “sus” proyectos inmobiliarios. Mérida requiere que sus autoridades, sus mejores hombres de negocios y sus mejores autoridades en general, pacten y se reconcilien para que nadie siga atentando contra ella.
La ciudad blanca desaparece porque cada quien esta jalando por su lado, porque no encontramos un líder o una lideresa que nos convoquen a los meridanos con su magia, carisma y empeño para luchar porque nadie la siga destruyendo. Mérida debe cerrar los ojos a los rencores, a las vendetas y sobre todo, vencer el egoísmo que cada quien antepone frente a cualquier negociación o cambio.
Todos de alguna manera quieren conservar su posición frente a los urgentes y necesarios movimientos que hoy reclama esta capital y ante los cuales nadie parece querer tomar la batuta. Las heridas están por doquier y sin falsos pesimismos -debemos reconocerlo- la ciudad se nos va de las manos. Ya no vivimos en el mismo lugar donde vivieron nuestros padres y no hablo de espacio sino de calidad de vida, de costumbres, de expectativas, de futuro.
Se requiere un gran líder –hombre o mujer- que pueda con sus mejores artes, con la herramienta del compromiso, del diálogo, y de la razón, reconquistar los más duros corazones, vencer los intereses más arraigados y sacar adelante una gran oferta que a todos satisfaga, enarbolando siempre la conservación y cuidado del lugar que habitamos.
Mérida nos necesita a todos para elegir mejor a las autoridades pero también para ser mejores ciudadanos. Si nuestra ciudad padece tantos males es porque nosotros, los ciudadanos, hemos ido callando frente a los ataques que resiente la urbe y que toleramos “muy disgustados” pero en absoluto silencio.
Correo: armajose@prodigy.net.mx
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