Por Armando Escalante Morales
La gente que adquiere artículos en la vía pública, desde un automóvil casi en movimiento, perjudica a todos y pone en riesgo su vida y la de los demás. La operación de compra-venta implica que les den el producto, que saquen el dinero para pagar, que les den vuelto, que escojan lo que estén comprando ―en el caso de los refrescos, hasta checan si están helados― y finalmente que vuelvan de nuevo la mirada hacia el semáforo al oir un claxonazo, y que recuerden que están en un auto, en una avenida y sigan manejando porque ya salió el verde. Suele argumentarse mil cosas en defensa de la venta irregular en las calles pero pocas veces se repara en las consecuencias. Pienso que al permitir que unos expendan sus productos la misma oportunidad deberían tener todos los demás comerciantes; si esto no es posible, no veo porqué razón unos estén y otros no. Si se ofrecen refrescos de coco en las avenidas principales o jugos de todos los sabores en el anillo periférico, ¿porqué no se vende pino negra y soldado de chocolate? Es una industria local también. ¿No?
En la confluencia de las avenidas Villas la Hacienda y la prolongación del Paseo de Montejo tenemos el cruzamiento que más giros ofrece: tarjetas, frutas, periódicos, casetes, discos compactos, mapas, volantes diversos, refrescos, juguetes, llaveritos, artesanías, limosna particular, colectas de diversos tipos, suscripciones al cable, más lo que se les ocurra esta semana. En algunos cruceros se venden perros y otras mascotas.
Por esto extiendo una felicitación al alcalde Manuel Fuentes Alcocer por haber impedido ―hasta la fecha en que escribo este texto al menos―, que se instalen en las calles los molestos venteros de tarjetas telefónicas. Falta retirar a los que venden refrescos que inexplicablemente hasta neveras con hielo llevan diario a los camellones. Supongo que el primer regidor ha de tener muchas presiones de todo tipo para permitir que vuelvan a las calles incluso si como dijeron en voces del público del Diario los propios venteros lo ayudaron en su campaña a repartir volantes.
Una petición al Alcalde: que se emprenda una rápida poda de árboles, en especial en los pocos enormes, frondosos y gigantescos que nos quedaron luego del paso del huracán Isidoro. Estamos a tiempo. Aunque sea unos 50 de los más grandes que nos quedan, que son perfectamente visibles en las avenidas Reforma, Cupules, Colón, Paseo de Montejo, Campestre, Circuito Colonias, e Itzáes; en la calle 60 norte por San Fernando (donde solo quedan dos de seis enormes), en la colonia Roma y en el parque del Centenario, por señalar los principales que en caso de caer le llevará a la Comuna mucho tiempo levantarlos. Incluso hay que atender a los que están dentro de las casas de muchos particulares que no tienen cómo solucionar el problema. Si los podamos, evitaremos que los más antiguos se pierdan y así no trabajarán tanto en la limpieza de calles y avenidas tras el paso de un meteoro. Lo ideal sería que se le corten los troncos más altos y de mayor follaje. Salvo la mejor opinión de los ecologistas desinteresados, estoy sugiriendo esto porque la otra alternativa es verlos en el suelo, tirando cables, postes y cerrando el paso. Es necesario podar los que ofrecen resistencia al viento; no los chaparritos. Si no saben dónde localizar los más grandes, me ofrezco a llevarlos por toda la ciudad para ver los que podrían caer con el próximo huracán.
La otra felicitación es al presidente de la República por la construcción del Anillo Periférico que si bien es una obra que arrasó con varios cientos de árboles de regular tamaño, también significa un beneficio sin precedente que, sin embargo, debió hacerse hace más de diez años. Quiero pedirle a la autoridad que supervisa esa construcción como lo es la Secretaría de Comunicaciones y Transportes que no permita que se dejen a los costados las enormes piedras que van quedando del material que sirve de base. Piedras como estas han causado la muerte de mucha gente en la autopista de cuota a Cancún pues al salirse del camino los vehículos van a estrellarse contra los montículos que en mala hora y con enorme ignorancia alabó Carlos Salinas ―al inaugurar esta vía en el segundo interinato―, al señalar que “se pintaron de colores como monumentos ecológicos”. Se equivocó: son muestra de la incapacidad de los constructores locales para recogerlas y de las autoridades de la SCT para velar por que así sea.
El xix.― Conocido simpatizante panista, que no tiene hueso en este sexenio y tampoco en el trienio, me hizo una singular observación en alusión a un anterior artículo mío: ¿Sabes por qué ya no hay panistas en las calles defendiendo a su partido o al presidente? Muy sencillo, no los ves desmintiendo las mentiras que contra Fox se dicen a diario... Es muy sencillo, todos, hasta los más combativos, ya tienen un empleo bien remunerado, no tienen ninguna preocupación, ya llegaron al poder y no les interesa nada más. Te equivocas, le dije, si les interesa algo más: ser candidatos en la siguiente elección. armajose@yahoo.com
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