Los errores cometidos por los políticos invariablemente tienen costos en ese tenor, para ellos, para los pueblos, para sus simpatizantes, seguidores, etcétera.
Los errores se pagan caro. A menudo significan perjuicios económicos, sociales y hasta para la naturaleza. Ya no se diga las repercusiones humanas.
Los errores cuestan a propios y extraños; a los cercanos y a los lejanos. No hay vuelta de hoja.
Se paga por cometer errores, costos altísimos, como suelen ser las carreras políticas.
Los errores, sin embargo, no son aceptados por los políticos, porque si lo hicieran, no cometerían errores. De hecho, cometer errores y no admitirlos es uno de los principales errores que tienen los políticos.
Pero con aquello de que "es de humanos, equivocarse" o "errar es de humanos...", pues los políticos deciden ser humanos... de vez en cuando, claro, como por ejemplo, cuando cometen errores.
Solo que algunos de esos errores son en realidad caminos sin retorno, es decir, no hay vuelta de hoja. Se acaba una carrera y no hay manera de evitarlo. Bueno... si hay manera de evitarlo: no cometiendo errores... pero eso, eso... no es de humanos.

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