sábado, febrero 25, 2006

Fantasía, magia, misterio y... pena

Editorial



Este miércoles 22 arrancaron oficialmente las fiestas de Carnaval de Mérida con la quema del mal humor. Al día siguiente, el jueves, se celebró el tradicional desfile infantil con miles de chiquitines, para dar paso luego, los días viernes, sábado, domingo, lunes y martes, a toda una semana de paseos de comparsas, carros alegóricos, serpentina y confeti.

Hay que ser muy claros y precisos: el Carnaval meridano no ha demeritado. Al contrario, ha mejorado año con año. La organización y el esmero que ponen las autoridades, y en especial el comité organizador, son evidentes. Más lo es la participación social que es digna de aplauso.

Los patrocinadores ponen lo mejor de sus intereses comerciales para beneficiarse del tradicional festejo y regalar algunas cosas al público espectador. Pero...

No es necesario ser adivinos... es prácticamente un hecho que en el Paseo de Montejo las cosas no serán mejores que otros años. Sin temor a equivocarnos, podemos afirmar que la hermosa avenida quedará semidestruida y al finalizar el festejo, las autoridades volverán a hablar, como sucede cada año, de su interés por “rescatar” esa vía e incluso, se escucharán voces de nuevo que pidan que la fiesta se vaya a otra parte.

Los miles de personas que abarrotarán esa zona, dejarán, como de costumbre, toneladas de basura y destrozarán árboles, plantas, luminarias, bancas, postes, etcétera, afeando el entorno urbano. Como ha ocurrido año con año.

Las empresas que patrocinan el evento, colocarán, en detrimento del entorno urbano y sin que nada ni nadie pueda hacer algo, cientos de puestos de comida, neveras, baños públicos, y toda clase de estanquillos de rápida instalación. Marañas de cables de electricidad colgarán de los árboles y se combinarán con cientos de tanques de gas conectados a improvisadas estufas, donde se cocinarán toda clase de fritangas y alimentos...

En muchos rincones, en perjuicio de los pocos ciudadanos que todavía viven en la zona y sus alrededores, la peste por el orín de los borrachines que ahí se arremolinen por tanto puesto de cerveza, impregnará el ambiente. Los malos olores se extenderán unidos con los aromas de los guisos que se expendan por ahí...

El riesgo para los automovilistas por la colocación de gradas invadiendo el carril de alta velocidad de la transitada arteria, volverá a estar presente. La ciudad quedará partida en dos en perjuicio de miles de guiadores que por supuesto no asisten al evento y que son más que los que si lo ven...

Todo será igual que siempre. Lamentablemente, no ha habido ninguna autoridad que se atreva a detener ese denigrante espectáculo. Y es que por no atreverse, por miedo a la reacción del público, especialmente y con toda seguridad, por miedo a los ataques de los medios que se han posesionado de la fiesta, las autoridades municipales seguirán siendo rehenes de este lamentable espectáculo que se liga con las carnestolendas.

De nuevo se reitera: no hay que confundirse ni equivocarse: el Carnaval digno de elogio es el que comienza con un desfile de comparsas y carros alegóricos que sale desde el Monumento a la Patria y se dirige al centro de la ciudad, terminando en el parque de San Juan. Ese es un bonito festejo, especialmente familiar.

En la extensión de ese derrotero se desborda la alegría, la música y la proyección de luces multicolores; son el marco que acompaña la fiesta. En ese recorrido, que va desde el Paseo de Montejo, pasando por el parque de Santa Ana, las calles 47, 60, 61, y 62, hasta la calle 69, miles de familias se dan cita, especialmente adultos mayores y niños, que juntos se contagian y participan gozando a los disfrazados. Ese es el Carnaval. Lo otro, lo que ocurre en el Paseo de Montejo, cuando terminan de pasar los carros alegóricos y las comparsas, no es más que un concurso de borracheras y de escándalo.

Al término de este desfile, lamentablemente, en la avenida más bella de la ciudad, este año otra vez se registrará una confrontación entre empresas radiodifusoras, televisoras y firmas cerveceras que demeritarán en mucho la imagen de la ciudad. Los grupos musicales se disputarán cada uno el “orgullo” de romperle los tímpanos a los asistentes y competirán entre si, por ver quién lanza el mayor número de decibeles y hasta de improperios. Los anunciadores, locutores y conductores de las tarimas, harán gala, incluso, de toda clase de arengas, cada vez más atrevidas, con tal de mantener al publico viendo a los artistas que cada una presenta.

Los ciudadanos debemos saber que eso no es el Carnaval.

No hay comentarios.: