La concupiscencia
Etimología: Del latín, con –plenamente-,
cupere -desear.
Se ha señalado en algunas informaciones al diputado ex priísta Joaquín Díaz Mena, ahora candidato a legislador federal del Partido Acción Nacional, de haber sacado 5,000 copias láser para su campaña política usando el equipo de cómputo, la impresora, el cartucho de tóner y la papelería del Congreso del Estado, que son adquiridos con dinero del erario. Ahora nos enteramos que el lo niega y que se ha ordenado una investigación del caso.
Esto me recordó una entrevista de TeVe celebrada hace unos meses, en la que Felipe Calderón, candidato del Partido Acción Nacional a la presidencia del país, le narró a Javier Alatorre una anécdota que bien vale la pena aplicar para el caso que nos ocupa. Recordó que cuando impartía cursos de capacitación en el PAN, le explicó a los muchachos qué es la concupiscencia. Calderón les dijo que “según los clásicos, es el apetito, si el apetito irracional hacia el poder, hacia el placer, hacia el dinero, etcétera, y se domina con la templaza es decir, usando una virtud ética y moral”. Añade que para un mejor entendimiento, le decía a los jóvenes: “No se enreden mucho, no se confundan, la concupiscencia, al final de cuentas, es el pequeño priísta que todos llevamos dentro”.
Con Adela Micha, otra conductora de televisión, repitió lo mismo añadiendo: “no le demos vueltas, todos somos humanos y tenemos, como seres humanos, apetitos, que no siempre son racionales, al poder, al dinero, al placer, en fin y que la clave para dominar esos apetitos es la templanza, es el ejercicio de virtudes, es el ejercicio ético. Y cuando le platicaba a los muchachos qué era concupiscencia, le decía bueno miren, no, no se hagan bolas: concupiscencia es el pequeño dinosaurio que todos llevamos dentro, es el pequeño priísta, incluso llegaba a decir ¿no?”.
La Real Academia Española define la concupiscencia así: “En la moral católica, deseo de bienes terrenos y, en especial, apetito desordenado de placeres deshonestos”. A Felipe Calderón se le facilita hablar del símil “del pequeño priísta que llevamos dentro”.
Volviendo al caso del hoy panista Díaz Mena, su supuesta acción y proceder en el uso y abuso de un material de uso exclusivo para sus tareas de diputado y pagado con los impuestos, no tendrían ninguna relevancia de no ser porque efectivamente constituyen un delito electoral y además, en el marco de una elección federal. Por eso es importante que se investigue y aclare, especialmente si como él dice, su campaña fue austera y él no cometió ningún delito. Con ver qué diputado pidió en exceso más papelería, tinta y otros materiales, se sabría. Falta que nos lo digan.
Y de ser cierto, faltaría ver si el Congreso del Estado denunciaría el hecho, si el partido aludido toma cartas en el asunto frente a su candidato o ambas instituciones actúan como dice el candidato panista, con algo de concupiscencia, quizá por carecer de las herramientas con que se combate.
Digo todo esto, por supuesto, sin el ánimo de ofender a los buenos priístas que no hacen estas cosas y que no se tienen la culpa de que alguien los utilice todavía como ejemplo para sus definiciones de lo que está mal.
Total la concupiscencia también incluye otra definición: “son los deseos desordenados de la voluntad, como son el orgullo, la ambición y la envidia”.
armajose@yahoo.com
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