Editorial de La Revista Peninsular
El gobierno del Estado no tiene la autorización del Senado de la República para reubicar la Base Número 8, de la Fuerza Aérea Mexicana que se encuentra enclavada en esa zona. Esa Cámara es la única que puede autorizar su reubicación. No basta que quieran el gobernador o el presidente y ni siquiera es suficiente que haya un terreno disponible para cambiarlas de lugar.
Eso sería un gran obstáculo en el futuro para hacer Metrópolisur, aún estando listo el aeropuerto de Hunucmá.
En pocas palabras, el gobierno yucateco no tiene la seguridad de que el Ejecutivo Federal quitará de ese sitio algún día esas instalaciones militares que, dicho sea de paso, se acaban de ampliar mediante millonaria inversión en hangares y otras áreas que hizo la Secretaria de la Defensa Nacional.
No es todo. El gobierno de Yucatán no es propietario del terreno donde está el actual aeropuerto. Le pertenece al Gobierno Federal y está a cargo de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes que lo concesionó por 50 años a una empresa privada.
Tampoco tiene del todo lista la tramitología jurídica del terreno donde haría la futura terminal aérea en terrenos de Hunucmá, aunque los haya pagado por adelantado.
En pocas palabras, hay muchas cosas pendientes antes de poner la primera piedra de ese futuro proyecto. ¿No sería mejor que primero el Gobierno Federal traspase, regale o ceda esa propiedad al estado? ¿No sería correcto empezar en orden ese gran plan que tanto reclaman muchos sectores como el oficial y el privado?.
Si ese terreno no se le traspasa nunca al Ejecutivo yucateco, ¿nos quedaremos con una millonaria deuda y además con un elefante blanco en Hunucmá? Hay que pensarlo porque para entonces ya no tendremos como gobernantes a los hoy promotores del proyecto. No se les podría ni siquiera fincar responsabilidades por tanta irresponsabilidad. ¿A juzgar por el curso que siguen las preferencias electorales, cuál sería el futuro de Metrópolisur si gana otro partido distinto en los próximos procesos electorales federal y estatal?
Siendo prácticos y objetivos: si se trata de un gran proyecto de generación de riqueza en el cual se cifran muchas esperanzas para cientos de familias de la zona, además de la gran derrama económica que habría, ¿porqué no hacer en orden todo y como es debido? ¿Qué prisa hay por aprobar esos fondos al cuarto para las doce, en medio de negativas de los diputados, sin antes tener la seguridad jurídica de la posesión de la tierra que se vendería y que según dice el Gobernador es la joya de la corona que haría autofinanciable el plan?.
Hay que subrayar que no por autofinanciable necesariamente tendrá que hacerse. Si vendemos a precio de oro los terrenos del centro de convenciones Siglo XXI seguramente nos permitirían construir uno mejor en Hunucmá y si hacemos lo mismo con el Palacio de Gobierno, seguramente obtendremos muchos millones. Hasta sería autofinanciable la edificación de una casa de Gobierno y no por ello estamos pensando en vender la sede actual o convertirla en un centro comercial. ¿Verdad?
Supongamos de todos modos que la filantropía mueve a los que graban comerciales aplaudiendo la obra y que todos quieren eufóricos apoyar este ambicioso proyecto... ¿podría alguno de ellos poner de una vez su dinero y así evitar la contratación de un préstamo? Casi sabemos la respuesta: no se pondría ni un peso en esas condiciones, sin que haya seguridad jurídica.
Para hacer posible este ambicioso proyecto sin que a futuro le surjan inconvenientes, habrá que seguir estos pasos:
1.- Obtener del gobierno federal la propiedad del terreno, hoy concesionado a ASUR –que como tampoco es suyo, no lo puede vender ni negociar con él-, y de ese modo amarrar la futura operación de venta y por ende de recuperación de los fondos invertidos.
2.- Conseguir la aprobación del Senado o cuando menos iniciar los trámites y comenzar el Cabildeo, para conseguir la autorización de estos legisladores para reubicar las instalaciones militares que funcionan en el aeropuerto antes de contraer cualquier deuda.
3.- En vez de invertir tanto dinero en publicidad, comerciales en radio y televisión, enormes lonas, miles folletos y quién sabe en qué más, abrir de una vez en Hunucmá centros de capacitación para obreros y amas de casa sobre diversos oficios; poner más escuelas y mejorar la infraestructura de ese municipio, casas, escarpas, calles, alumbrado, agua potable, etc., a fin de comenzar a preparar a los muchos empleados que requerirá algún día ese nuevo aeropuerto y darle mejor vista a la población.
Como están las cosas, si el próximo Presidente de la República dice que no a la cesión del terreno, ni habrá cambio de aeropuerto y menos nos tendremos que preocupar de si el Senado autoriza o no mudar la base aérea. Por ello, urge blindar el proyecto para que quede libre de los vaivenes del gobierno federal y menos sujeto a las decisión partidista que con toda seguridad habría de por medio en una petición ante el Senado.
Si los pobres son tan importantes como para fundamentar este plan, ¿porqué entonces no hacemos bien las cosas? Tomemos en serio este proyecto para generar riqueza en vez de causar divisiones internas, censurar opiniones de los contrarios, provocar, linchamientos mediáticos contra quienes tienen un punto de vista diferente al del gobierno que, como se ha visto, ni es el único, ni tampoco es el mejor y menos el último.
Esto, se expone en aras de cómo si hacer posible esta idea de fin de sexenio y de ese modo evitar que sigan creciendo la desconfianza en torno a los verdaderos móviles de Metrópolisur. Si todo esto se pasa por alto, seguramente continuarán las especulaciones sobre la intención final de esta cuantiosa inversión, levantando todsa clase de suspicacias, perfectamente lógicas y creíbles.
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