Algunos apuntes sobre el poder periodístico
A estas alturas, ligaría la objetividad
con la condición natural del hombre.
Por Armando Escalante Morales
El buen periodismo como el buen ciudadano tiene sus raíces y su esencia en el ser humano. Un hombre ético puede ser un buen ciudadano y desde luego, también ser lo contrario.
Un periodista sin ética difícilmente será un buen ciudadano y como mal ciudadano traducirá su conducta en las actividades que desarrolle. Un buen trabajo periodístico puede contener el cumplimiento de las bases y estructuras que marcan hoy los muchos autores sobre la materia.
En el periodismo, como en muchas otras actividades, a menudo se anteponen otros factores, como los personales, que se plasman en las noticias e informaciones.
La animadversión que puede tener una maestra en clase hacia uno o varios alumnos, puede reflejarse en su trato hacia ellos a la hora de calificar. Lo mismo ocurre en el periodismo. Un crudo trabajo periodístico puede tener sus raíces y fundamentación en un objetivo poco objetivo.
Este criterio se ve impulsado con mayor frecuencia en las pequeñas localidades e incluso se plasma en los dibujos de caricaturistas que, según su conveniencia e intereses, harán más trazos negativos en contra de determinados actores políticos, eliminando a otros.
Con frecuencia ponemos la mirada en el trabajo publicado o difundido en la prensa, la radio o la televisión, pero poco anotamos de los vaivenes que un ánimo personal reflejaría en un trabajo periodístico.
A entrevistados iguales, preguntas y respuestas diferentes. Es decir, personajes con la misma investidura reciben tratamientos desiguales.
Un periódico puede dar un tratamiento obsesivo, vigilante, celoso a una administración gubernamental que no atienda los muchos intereses que están en juego y unos años después, con otro actor, el mismo puede súbitamente ver todo color de rosa o de plano callar frente a ciertos hechos.
Conocer a los periodistas, escucharlos, verlos, convivir con ellos, arroja importantes datos sobre estados de ánimo que invariablemente se traslucen y muestran en las noticias e informaciones diarias.
La ausencia de una correcta formación, en términos profesionales, se podría encontrar en la escritura, ortografía y gramática contemplados en una nota. Verdaderos enfrentamientos con el idioma castellano revelan la calidad del autor, ¿porqué no habría entonces de suceder lo mismo con el estado de ánimo de un reportero?
Del mismo modo que en un caso de corrupción se documentan detalles y fechas; se muestran escenas y presenta vínculos y nexos; cita y exhiben papeles y ofrecen pruebas capaces de hundir un complejo entramado, del mismo modo en las informaciones hay sentimientos que viajan ocultos en palabras.
Invariablemente, habrá un sello personal del hombre, convertido en un simple ser humano. De tal suerte que la acuciosidad de un buen trabajo periodístico puede tener que ver más con un ánimo personal que con un espíritu de objetividad.
¿Se toma en cuenta en el reportaje el valor ético del periodista? Por supuesto que no. El lector ignora estas vendetas que se tejen en las redacciones y se urden y maquinan a sus espaldas, contra actores políticos o funcionarios.
Se estudian los intereses de los medios, de los políticos y poco se anota del valor personal que se teclea en cada nota. Los títulos, subtítulos, recuadros, citas, adjetivos y comparaciones, pueden marcar un buen principio de análisis.
Puedo afirmar, con ejemplos y casos obtenidos a lo largo de los años, que esta clase de intereses están presentes incluso a la hora de pedir una nota o solicitar una fotografía. A la hora de esquemar, de titular y de ubicar en la paginación. He podido percibir y corroborar que muchas informaciones tienen sus orígenes más en odios personales, venganzas y estados de ánimo que en criterios informativos o periodísticos y esto es obra del hombre. Hay fotógrafos que esperan un traspié, un bostezo o un mal gesto para disparar la cámara. En algunas redacciones se aguarda con ansia la mala pose del político que se ha puesto en la mira.
Es común escuchar y ver que en los trabajos periodísticos se orille al público a llegar a conclusiones que invariablemente harán diana en alguna autoridad o institución, eximiendo de responsabilidad a la sociedad sobre los actos presentados. Aún en su papel de autoridades, no debemos olvidar que los hombres cometen errores y actúan con impunidad en el ejercicio del poder, más por seres humanos que por ser funcionarios o políticos con poder. Vuelvo al caso de la ética personal y añado la falta de escrúpulos.
Para terminar: El autor de una nota tiene ánimo, intereses, y sus filias y fobias traspasan filtros y controles de las redacciones, haciendo mella en actores sociales que no necesariamente representan los papeles que les atribuyen en muchos trabajos periodísticos.
Entonces en el juego de los espejos qué poder sería más peligroso..., ¿el que se utiliza para sustraer fondos de las arcas o desviar recursos materiales...?, o ¿el que se desarrolla desde las redacciones que camuflageado utiliza la herramienta de la perversidad para engañar a la sociedad con palabras?.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario