ABC electoral
Las recientes elecciones en el Estado de México junto con las de Nayarit, reflejan para muchos lo que podría ocurrir en el país en el siguiente proceso electoral. Y como Yucatán está dentro de esta República, por analogía, son hechos que también se pueden presentar en esta tierra cuando votemos por Gobernador. Resulta que el PRI venció en ambos procesos ante un PAN que venía de fuertes pleitos internos que derivaron en la postulación de candidatos que no eran ni los naturales, ni los que más duro podían pegarle a los demás candidatos y menos los que quería la militancia. Fueron, de alguna manera, impuestos.
En el Estado de México el PAN postuló a Rubén Mendoza Ayala, quien para muchos no era el candidato adecuado y por eso trataron de impedirle su participación dos veces. Primero de manera interna con José Luis Durán Reveles, impugnando su candidatura y luego ante el tribunal electoral, cuando lo acusaron de rebasar topes de campaña. Al final, superó los obstáculos y se volvió abanderado de un partido donde no todos lo querían. La razón es que viene del PRI, aunque eso ya no signifique nada, a juzgar por lo que a diario leemos ocurre en Yucatán en materia de corrupción oficial.
De todos modos, el ex priísta Mendoza Ayala comenzó una exitosa campaña en el PAN pero de estar arriba en las encuestas, se esforzó por caer de las preferencias a base de consecutivos errores. Perdió ante el viejo PRI con un Enrique Peña Nieto, miembro distinguido del grupo Atlacomulco, al calor de Arturo Montiel, los Hank, y Emilio Chuayffet, regalando parte de sus votos a la señora Yeidckol Polevnsky quien con todo y el respaldo público y abierto de Andrés López Obrador, no pudo ganarle al PAN. No obstante, si ambos partidos se hubieran unido, habrían derrotado al “golden”, como apodaban a Peña Nieto, hoy virtual gobernador, gracias al gran abstencionismo. O sea, cuando la gente no va a las urnas, el voto duro del PRI se impone y hasta le es suficiente para ganar. Tomen nota en Yucatán.
En el caso de Nayarit, el gobernador Antonio Echevarría Domínguez era un distinguido militante priísta, pero en 1999 abandonó al tricolor y no contendió por ese partido sino por una coalición que incluyó al PAN, PRD, PT y el local Partido de la Revolución Socialista. En aquella ocasión, hace seis años, la coalición del ex priísta ganó 13 de las 18 diputaciones locales por mayoría. Obtuvo el 51% de los votos mientras que el PRI ganó 14 de los 20 municipios, aunque Tepic quedó en manos de la coalición opositora.
Hace tres años, en el primer proceso electoral presidido por el actual gobernador nayarita, no se integró ninguna alianza y el PRI ganó las 18 diputaciones locales por mayoría, ganó 15 de los 20 municipios, incluso Tepic. En promedio, el PRI obtuvo una votación arriba del 45%, el PAN, cercana al 30%, el PRD cercana al 10% y el PT y Convergencia, al 5%. O sea el partido en el que estuvo el Gobernador alguna vez, o sea el PRI, venció de nuevo pero ahora estando un gobierno de oposición.
Las elecciones en Nayarit del domingo 3 de julio, estuvieron empañadas por una serie de conflictos previos al interior del PAN. Por ejemplo, se apareció la sombra de la esposa del gobernador, Martha Elena García Gómez, quien en noviembre pasado hizo pública su intención de contender por el PAN-Convergencia. Esto causó una serie de críticas dentro y fuera de su partido, similares a las que enfrentó Martha Sahagún Jiménez, con la diferencia que ella, hasta el cansancio, ha jurado que no será candidata.
La esposa del gobernador no logró lo que quería y el PAN postuló a Manuel Pérez Cárdenas, quien perdió quedando en tercer lugar. El vencedor fue otra vez el PRI que colocó como su candidato al ex presidente municipal de Tepic, Ney González Sánchez, supuestamente apoyado desde la dirigencia nacional, propiciando una inmediata ruptura del senador priísta Miguel Ángel Navarro Quintero, quien aceptó la candidatura de Alianza por Nayarit, conformada por el PRD, PT y el local PRS, y que por poquito le gana al PRI.
Me temo que en Yucatán, hay hechos que anticipan una posible división interna en por lo menos dos de los principales partidos en caso de que haya candidaturas impuestas, vetos a otras, aceptando personajes externos y promoviendo a unos en vez de a otros. Los partidos pueden, si quieren, destruirse solitos y de esa manera, perder las elecciones. Y eso ocurre aunque los ciudadanos no vayamos a las urnas como pasó en el Estado de México: basta poner a un candidato pusilánime, incluso corrupto para que votemos por otro partido o de plano, no lo hagamos. Armajose@yahoo.com
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