Lo que pasó en el reciente proceso electoral del Estado de México, presagia parcialmente lo que podría ocurrir en las elecciones federales por la presidencia de la República.
Decimos parcialmente porque el elevado abstencionismo que se vivió en la votaciones del Estado de México, superior al 59% -casi del 60%-, volvió a depositar al PRI en el triunfo, como si nada hubiera pasado, como si no hubiera historia ni pasado.
Tanto desánimo, tanto desprestigio que se vive entre los partidos, hacen que los ciudadanos no acudan a las urnas. Los que se presentan, casi en su mayoría, son el voto duro y en el caso del PRI, no hay quien lo gane, porque su voto duro lo conforman miles y miles de pobres, que ven en las elecciones la oportunidad única y valiosa de comer ese día... y además recibir cualquier otro regalo por su sufragio.
Hacia allá vamos en las elecciones federales. El PRI volverá a posicionarse y, gracias a los medios, y desde luego a los partidos y a sus malos miembros, la gente no acudirá a las urnas.
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