Por René Avilés Fabila
Hace un par de días, El Universal volvió a la carga y mandó hacer una nueva encuesta (¡otra más!) para que los mexicanos sepamos cuáles son nuestras preferencias. En ésta, como ya es costumbre, triunfaba Andrés Manuel López Obrador.
El encabezado, en primera plana y en el mejor sitio, era y es memorable, digno de pasar a la historia del periodismo comprometido y crítico: "Repunta AMLO; gana en todas las combinaciones posibles hacia 2006". En todos los casos, efectivamente, López Obrador hacía papilla a sus contrincantes. Por ejemplo, su más cercano seguidor era Roberto Madrazo: 38 goles para el jefe de Gobierno capitalino, y apenas 26 para el priísta. Más abajo estaban Santiago Creel y Felipe Calderón. En la otra combinación, de nuevo triunfaba AMLO y Madrazo obtenía 27 puntos.
Según esta lógica bastante ilógica (pero así son las mentiras y las estadísticas y las encuestas), a pesar de las violaciones a la ley, de los actos de autoritarismo, de los altos niveles de corrupción en su gobierno, de los gastos estrafalarios e inútiles y de su constante discurso incendiario, el perredista gana con relativa facilidad. Claro, si las elecciones ocurrieran en este momento y sólo participaran las mil personas de la muestra que apenas da el 3.1 de error.
¿Ésta será la realidad? Imposible. En primer lugar, las cifras de las más recientes elecciones nacionales le concedieron al PRD menos de 20 por ciento. Esta tendencia se confirmaría tomando en cuenta los triunfos obtenidos por el PRI en todas las elecciones de gobernador que han seguido. El PRD obtuvo el triunfo a duras penas en Zacatecas y en Guerrero. En donde no ganó el PRI, sus candidatos obtuvieron un porcentaje que fluctuaba entre 41 y 44 por ciento de la votación total. A simple vista se puede ver que el repunte es del PRI, que en 2000 fue sacado a punta de bota vaquera por Vicente Fox.
Ahora, tendremos que aceptar que el país, sí, México, apenas ha avanzado políticamente. Bajo la apariencia de partidos políticos, se ocultan los caudillos. Lo han sido infinidad de priístas y ahora lo son los ex priístas y si triunfó Fox no se debió al PAN sino a la actitud de caudillo pueblerino que asumió durante una larga precampaña donde brillaron los dineros de la iniciativa privada.
Pero aun aceptando que tenemos una muy poderosa tradición caudillista, El Peje no está solito en el ring. Pronto otros más treparán y entonces verá que las encuestas sólo le doraron la píldora y lo hicieron morder el anzuelo de que es el caudillo iluminado, el rayo de esperanza que requiere un país como México.
Por lo pronto es el único candidato casi oficial de todos los existentes. Ha desplazado en efecto a Cuauhtémoc Cárdenas y a todos los ex priístas que comandan al PRD. Monreal, por ejemplo, afirma (Excélsior, marzo 7 pasado) que no hay otro candidato salvo AMLO y eso ya no se discute dentro de su partido.
Es decir, mientras que López Obrador es ya el candidato perredista, los demás partidos van con menor prisa, con más calma o finalmente con mayores problemas internos. El PAN no acaba de decidirse si por Santiago Creel o por Felipe Calderón, no hay más que dos sopas en ese restaurante. Y en el PRI, pues Roberto Madrazo no acaba de controlar a sus correligionarios. Le quedan por allí gobernadores insumisos y el enemigo público número uno del magisterio y de otros solares: doña Elba Esther Gordillo, mejor conocida como la maestra prodigiosa. Y mientras que no sepamos con exactitud quién va por PRI y PAN, seguirá ganando López Obrador y los mexicanos se confunden más todavía, suponiendo, unos con terror, otros con amor, que López puede llegar a Los Pinos gracias a sus bravuconadas y al desprestigio de la política mexicana, como nunca en un nivel bajo y turbio.
Por razones de mi profesión viajo constantemente por la República y he podido darme cuenta que, en efecto, México no es el DF, por poderoso que éste parezca y por más centralismo que exista. Hay estados donde apenas han oído hablar del Peje y lugares importantes a los que no les interesan los segundos pisos. De tal manera que habrá que ver con calma la sucesión presidencial, en donde el Peje va casi volando, pero todavía no sabemos hacia dónde.
Las encuestas son para darnos una vaga idea de cómo andan las cosas en lo inmediato; para predecir el futuro de carne y hueso son malísimas.(Publicado por La Crisis)
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