martes, febrero 15, 2005

El rescate del Carnaval de Mérida

Las dos fiestas


Por Armando Escalante Morales

Suele confundirse el Carnaval de Mérida con los excesos que ocurren en el Paseo de Montejo una vez que acaba el desfile de carros alegóricos. En términos populares, muchos ciudadanos creen que el primer festejo en realidad es lo segundo. Nada tiene que ver la buena organización de las comparsas, disfraces, las serpentinas y el confeti que visten las carnestolendas, con la gran cantina y suciedad en que se convierte un tramo del derrotero, específicamente el Paseo de Montejo.

Pese a los esfuerzos oficiales de las autoridades municipales contra las adicciones, se ha cambiado el culto a Momo por Baco. Eso, ni duda cabe. La gran cantidad de puestos de cerveza dio al traste con la fiesta, porque los organizadores se han dejado seducir por la aplastante mercadotecnia y por el viejo mito de que el Carnaval no debe costarle a los meridanos, un complejo que habrá de quitarse de encima el Ayuntamiento especialmente si quiere recuperar este evento.

Esa creencia viene de los tiempos priístas, cuando la noticia principal era la de cuánto dinero de las arcas y de los impuestos se había tirado en esta fiesta. Hoy, cuando las empresas comerciales costean casi todo, la autoridad teme al reproche por el dinero tirado.

Solo hay que saber cuánto invirtieron cada quien, las empresas cerveceras y demás patrocinadores y cuánto dinero provino de los impuestos. ¿A cómo son los carros alegóricos? ¿Cuánto por la concesión de los palcos? ¿Cuánto vale un puesto de cerveza? Si nos ponemos a sacar cuentas, veremos los ríos de dinero que corren sin que afecten las finanzas municipales.

El alcalde meridano Manuel Fuentes Alcocer se propone consultarnos sobre el futuro del Carnaval: cambiarlo hacia alguna otra parte, rescatar el Paseo de Montejo y al mismo tiempo recuperar la tradicional fiesta que es evidente se salió del control de las autoridades desde hace ya muchos años. Habrá que apoyarlo en su propósito porque tal empresa tiene más implicaciones de las que el propio edil se puede imaginar. Por de pronto, tiene que enfrentarse a las críticas de quienes sin mucho que aportar y más que nada cuidando sus intereses, externan puntos de vista pidiendo que la fiesta paralela siga en la principal avenida de la ciudad, sin importarles todo lo que ello implica.

No hay que romperse mucho la cabeza. Lo que está ocurriendo es un fenómeno muy claro: se utiliza la excusa de esta época para la celebración de otros eventos paralelos que son los que han dado al traste con el Carnaval. No hay que confundir: el desfile de carros, que puede quedarse en el mismo sitio y no pasa nada, con la fiesta particular de las cadenas patrocinadoras.

Sobre la posible reubicación, el Alcalde tendrá que lidiar con aquellos medios que compiten por ver cuál le sube más al volumen de sus bocinas. Creen estas estaciones de radio y de televisión, incluyendo a la oficial, que el Carnaval lo es gracias a que ellos participan con su “tarima” y “sus artistas”. La asociación es sencilla pero muy delicada: radio-teve-cervecería; mezcla por demás peligrosa porque la autoridad es atacada, censurada y desprestigiada en la organización de su festejo si no cumple con los dictados de estos grupos empresariales.

No había terminado de decir el Alcalde que buscaría mejorar el Carnaval llevándolo a otra parte, cuando surgieron las primeras encuestas radiofónicas censurando esta idea: ¡Que Xmatkuil está lejos!, ¡que la 128 no tiene árboles...! ¡No hay banquetas! y quién sabe cuántos absurdos más. Si Xmatkuil está tan lejos ¿porque registra récord de asistencia cada año? ¿Acaso las tarimas y los puestos no están ocupando la zona de los árboles y las banquetas y por tanto la gente anda en la calle, bajo los rayos del sol? ¿Falta de sombra en la 128? Cuál, si cuatro de seis desfiles son nocturnos.

La primera guerra que tiene sortear la autoridad es la mediática.

De cualquier modo, hay que separar esa peligrosa asociación que amenaza incluso con extenderse a otros festejos como ocurre con el malecón de Progreso, donde Semana Santa, julio y agosto las empresas cerveceras unidas a otras de radio se adueñan de la temporada vacacional, impidiendo que miles de familias vayan a esa tradicional zona.

Para el caso de Mérida sugiero dividir los festejos: que las tarimas de espectáculos con bailarines, cantantes y grupos musicales, se vayan con su música a otra parte, alejada del derrotero, porque resulta que el desfile dura dos o tres horas y el derrotero está cerrado doce horas. Apoyo la idea de llevarse parte de la fiesta a la 128 o a Xmatkuil.

Si esto no se puede, propongo que en el derrotero actual o sea en la principal avenida de nuestra ciudad, no se venda cerveza o bien se reduzca a unos cuantos puestos. 

Si las empresas cerveceras en represalia quisieran retirar su patrocinio, que lo hagan, que no participen. Será mejor. Que no le tenga miedo la autoridad a nada. Con los impuestos se puede pagar una fiesta sana, con la música, cantantes, bailarines y estaciones de radio... pero sin tanto alcohol. Así el desfile de carros y comparsas con disfrazados ―o sea el Carnaval―, recuperará su ambiente familiar, sin el peligro que encierra la presencia de tanta gente alcoholizada, vomitando en nuestra principal avenida, con riñas y orín por doquier.

El presidente municipal puede acabar con la vergüenza anual que padecemos, confundiendo nuestro Carnaval con los excesos de las firmas patrocinadoras. El evento no está decayendo por hacerse en el Paseo de Montejo sino por el exceso de gente que acude atraída por la simbiosis radio-cervecería que pagan las tarimas y los artistas. O sea, por el consumo de la cerveza.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Es una excelente propuesta