Por Armando Escalante Morales
Por fin se tomó una decisión de peso, trascendente, en el nuevo Ayuntamiento de Mérida: el traspaso de los cientos de venteros ambulantes que estaban en las calles del centro, al nuevo edificio denominado mercado San Benito.
Los medios de comunicación han dado cuenta del puntual traslado de los oferentes hacia un sitio exprofeso construido, que les dará cómoda cabida y buen resguardo de las lluvias que están por venir. Poco ruido y muchas nueces en el cambio toda vez que los comerciantes callejeros se han pasado sin mayores contratiempos y menos reniegos. Calladitos se mueven mejor, claro, con la policía a un lado como testigo.
Y como estaba previsto, también han comenzado a trasladarse a dicho centro de abasto algunos comerciantes del Lúcas del Gálvez, que estuvieron de acuerdo desde el principio con dejar la pocilga que les dio cabida durante tantos años, y así lo manifestaron a las autoridades anteriores, sumándose al moderno proyecto.
Construido con dinero de los impuestos, el nuevo San Benito, sin embargo, le está costando el doble a la sociedad. Las quejas, con nombre y domicilio, de los ambulantes que acusan a los viejos líderes de cobros indebidos "bajo el agua", no han sido pocas. Todos los días se ventilan públicamente. Sin embargo, no se nota ninguna reacción de la autoridad frente a esos señalamientos.
Otro hecho que debe tomarse en cuenta es la queja repetida de los nuevos inquilinos del mercado recién abierto, al advertir que hay otros de sus iguales que todavía no se salen ni de las calles, ni del Lúcas de Gálvez. Se han comenzado a enfrentar a una competencia no prevista porque el proyecto no se planeó pensando en que funcionen dos macroexpendios, sino solo uno. Es decir, los del Lúcas que no han cerrado sus puestos porque no quieren cambiarse, compiten con los del San Benito que apenas van abriendo. Hay muchos puestos que tienen giros iguales y es obvio que la clientela tiene aún la opción de comprar donde lo ha hecho en los últimos 15, 20 ó 30 años. No necesita irse con un vendedor que no conoce, al nuevo establecimiento.
No es lo mismo vender chiles y verduras en la vía pública al paso de la gente; o discos y juguetes piratas o ropa y zapatos, que hacerlo en el segundo piso de un mercado qué está detrás de otro viejo expendio que todo mundo conoce y que tiene todo a nivel de piso...
Y no es lo mismo expender pollos en las nuevas y semivacías mesas del San Benito que hacerlo en el bullicioso y vivo Lúcas de Gálvez, donde de inmediato se ocuparon las áreas que otros dejaron, gracias a que un "vivo" multiplicó su negocio por diez.
Por eso, apostamos dos a uno a que en las próximas semanas, los que se mudaron al San Benito, comenzarán a desesperarse por sus bajas ventas y hasta amenazarán con regresar a las calles, si es que antes no ven clientes en el nuevo megacomercio.
Cabe la posibilidad de que, como en otros asuntos, circule "algo de dinero" y se acallen las protestas, las quejas se conviertan en halagos y los afectados hasta se hinquen a dar las gracias. Es cuestión de escrúpulos. Ya veremos.
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